Latidos de tu paso


INDICE

   El agua mansa

   El vergel

   Latidos de tu paso

   Mi sueño

   He sentido el llamado

   He buscado abrevar

   Cobijo los recuerdos

   Sé de la vida

   La esperanza

   Anocheces oculto

   El gemido de la tierra

   La escucha

   Cuánta fuerza Señor

   La montaña

   Sentí latir en mi corazón

   En mi tierra pobre

   El zorzal

   No sé imitar

   Es luz en la penumbra

   El corazón sangrante

El agua mansa


El agua mansa me ha bañado
y procura al candor
de mi frágil y humilde criatura
que padece la sed
y ardorosa reclama de aquel agua
pureza en el recuerdo
virginidad del alma
amor del corazón que fue sanado
gotas de espléndidos matices
vertiente del oleaje que disipa
vertedero de paz y de esperanza
y el agua corre y se ha quedado
lumbre de mieses en sequía
regando surcos parturientos

el agua es el amor que ha descansado
suavizando el fragor
aliviando la angustia
y enjugando los labios del que llora


 
 
   
   

El vergel


Nació el vergel que me acompaña
a concebir el pensamiento simple
y a deletrear en las raíces
aquel arpegio que se escucha
en los frutales que nacen
y vi el almácigo del alba
en una búsqueda sin límites
de esa palabra que baja de la fuente
de aquella fuente que engendra
el frescor en las brisas de la tarde
y aquella flor que con sus cánticos
fue capaz de apaciguar
la vida entera
y la sed en la herida de los tallos

y aquel vergel surcó la tierra
como nave que despierta en su letargo
hasta entregar su riqueza encinta
que al poseerla es ignorada
en los jazmines
y en rosedales o violetas

ahora el suelo puede contemplar
el manantial que estalla en pétalos
y el surco donde nace la danza misteriosa
que troca el aire gris
en una perla


 
 
   
   

Latidos de tu paso


Escuché los latidos de tu paso
en la sangre que surca los canales
donde ofreces tu vida que a raudales
ha regado su savia por tu brazo

he gozado sabiendo que tu lazo
de amor puro enhebrara mis rosales
y encendiera su copa en los frutales
que estallaron la luz de su embarazo

esa sangre preciosa y redentora
me baña con tu excelsa providencia
y entrega maravillas que atesora

quien viviendo en portales de clemencia
se entrega a revivir en propia hora
las heridas de amor de tu inocencia


 
 
   
   

Mi sueño


Fue mi sueño velar en mi sendero
la verdad que se guarda en cada aurora
dibujar los ciriales de su aureola
y abrigar su belleza en el postrero

caminar en la noche cual obrero
que endereza sus pies hora tras hora
por beber los destellos de esa aurora
que lo tiene en fulgores prisionero

el día reconoce en alta esfera
el efluvio solar y su elocuencia
que incentiva los tiempos de la espera

y persigue en humilde trascendencia
recoger aquel fruto que a la vera
del camino proclama su inocencia


 
 
   
   

He sentido el llamado


He sentido el llamado a que mis lámparas
estén llenas de aceite en este tiempo
para arder con las luces de la gracia
del amor y la paz como sustento
el Señor ha pedido conversión
del quebranto muriendo al hombre viejo
para luego nacer en la esperanza
alimento vital del hombre nuevo
en las horas finales que ya emergen
en el mundo sumido en fútil sueño
nadie sabe aquel día ni la hora
del Señor en su nuevo advenimiento
y nos da en la paciencia de su amor
avisos que reclaman el reencuentro
y clara vigilancia en cada noche
para abrirse a su Dios en su regreso
hoy nos urge buscar misericordia
en clamores que vienen desde el cielo
para no padecer aquella hora
que el Pastor nos ofrezca en su desvelo
por no haber escuchado sus palabras
clamantes en la herida de su Verbo!


 
 
   
   

He buscado abrevar


He buscado abrevar en las raíces
del misterio que enjoya mi existencia
y he podido beber en la indigencia
el agua de los niños aprendices

que llamados por siempre a ser felices
descubren la suprema trascendencia
donde el sol les regala su inocencia
enmarcada en finísimos tapices

dichosa criatura que intentaste
germinar cual semilla en esta tierra
donde puros los ojos tú cantaste

como el sabio que busca y que destierra
las lisonjas y bienes que apartaste
para abrir esa puerta que se cierra


 
 
   
   

Cobijo los recuerdos


Cobijo los recuerdos
en la nítida tarde del encuentro
henchido de palabras
que callan su misterio
y enmudecen labrando
la palabra interior que fue pensada
que pugna por vivir
horas de fuego
y entonar la respuesta que no muere
y esgrimir sus secretos
que sueñen un oasis en la escucha
que derrame su luz
que refleje corales impensables
y amenice las voces de aquel hombre
sediento de beber de sus vocales
para luego enhebrar clamor de estrellas


 
 
   
   

Sé de la vida


Sé de la vida que encontró aquel fuego
donde arde el hombre que buscó el tesoro
que no es diamante ni tampoco es oro
sino la paz que enardeció su ruego

en avatares donde yo navego
sé de verdades que en la voz del foro
anuncian brisas cuya faz exploro
como respuesta que a los hombres lego

canción de cuna la existencia entona
por la riqueza que encontró en la altura
y amaneceres donde el sol se dona

para bañar con su fogón la dura
casa invernal en la pujante zona
donde mi tierra floreció madura


 
 
   
   

La esperanza


He de vivir en la esperanza
la plenitud de la belleza que me aguarda
y he de cantar entre los salmos
la acción de gracias porque vive quien me guarda
y he de aprender el testimonio
que lo proclame al redentor porque me salva
la paz del mundo es el regalo
que cada hombre puede ver en la mirada
de aquel pastor enternecido
por el amor que a su rebaño restaurara
es un camino la esperanza
que me asegura con certeza mi posada
y me conduce hasta la fuente
donde tan sólo el creador concede el agua
he de comer el pan maduro
pues las espigas cobijaron la argamasa
de aquel madero que se inmola
para alentar con su energía a los que ama
he de beber el vino nuevo
que fue alimento aquella noche, el de la pascua
y he de vivir crucificado
para poder itinerar mi propia brasa
en la hora santa de esa cruz
donde el Señor amaneciera con su fragua


 
 
   
   

Anocheces oculto


Tú anocheces oculto
en el fuerte clamor de la tormenta
y amaneces hablando
en la diáfana voz de cada siembra
tú no sabes callar
y dialogas a diario con quien vela
por mostrar en su vida
esa tímida luz que da la estrella
tú no sabes cantar
si no canto también en mi litera
y no puedes reír
si no río en los valles de mi tierra
tú conoces al hombre
y lo invitas a verte en la belleza
cobijada en la nieve
o en el monte que anuncia tu grandeza
yo quisiera beber
en tu rostro el calor de tu centella
y quisiera correr
escuchando la música que llevas

sólo puedo aspirar
a vivir aguardando lo que allegas
tu divina palabra
y el amor que es el cauce de mi entrega


 
 
   
   

El gemido de la tierra


La tierra está gimiendo
huracanes de sombra y tempestades
agrietada la fe
de voces que no pudieron vislumbrar
con los ojos del hombre
los designios del Padre
y sufren orfandad
violencia
su genocidio inútil

pero surge el Señor
que nos redime
y busca al harapiento
y consuela a quien llora en su penumbra
y madura en el alma aquella chispa
que nació de la fuente
y salvó su inocencia

allí la luz de la esperanza
en nítido final de odres perdidos
canción de una victoria que ya emerge
del amor que aniquila con su fragua
el odio y los rencores con su clave enemiga

el tiempo de Jesús es también
nuestro triunfo acrisolado
en quien busca crecer
en la muerte nueva


 
 
   
   

La escucha


He buscado escuchar
el sonido y la fuerza
de los vientos que amarran
en mi muelle
indagando en sus voces mis oídos atentos
que descubran la paz de su entramado
su brisa


su poder de llevarme
hacia la altura
su quietud en la espera
su porte que ciclónico se expande
su frescor en la tarde del verano y el fuego
y el gélido momento
de esparcir tanta nieve por los aires callados
la señal de guardarme en la tormenta
y la tibia bondad que me invita a beber
en la plácida luz de cada día

nadie sabe sus tiempos
ni de dónde aparece su presencia furtiva
o hacia dónde culmina su misteriosa senda

es sólo un aire
brújula
guiando sigiloso mi sendero


 
 
   
   

Cuánta fuerza Señor


Cuánta fuerza Señor me da la pascua
donde naces muriendo
y sonriente revives
entregando los dones de tu gracia
que renueva mi ser
y enardece el deseo
de acampar en aleros de tu casa
que está siempre de fiesta
y recoge en su seno
mis ansias de habitar en tu mirada
para ver con tus ojos
y escuchar con tu oído
los cánticos que entonan tu alabanza
que es la meta del hombre
en su andar por la tierra inhóspita
y tras la senda triunfal de tus iluminaciones

cabildeo añorando plumajes de tu nido
y tu rostro acogiendo mi llegada
al rincón de mi sueño
que es el puerto anhelado por mi barca


 
 
   
   

La montaña


Divisé la montaña
envuelta entre cantares y plegarias
jubilosa en la tarde
que concluye sin prisa
solidaria en el surco del dolor
sellando aquella puerta que me invita sonriente
a ingresar en su seno
a llorar en su lecho
a gozar en la paz de su recinto

divisé la montaña iluminada
por decenas de rosas
por voces expresando su aleluya
por la gracia que fluye y que refluye

y pude arrebatar
igual que una corona se ajusta a otra corona
las flores de su manto verde
las piedras de su esbelta envergadura
trashumando las huellas del camino postrero
y compartí la cima
con aquéllos que anclaron el arca
por beber su hermosura


 
 
   
   

Sentí latir en mi corazón


Sentí latir mi corazón
en las angustias de mi pueblo
en el rigor de la noche de las almas
en el ocaso repentino
de quien muere proclamando la certeza
de preferir la vida que no muere
y repeler la muerte
que no busca engendrar la nueva vida
sentí latir mi corazón
en las pisadas débiles del hijo
en el calvario injusto
de quien fuera profeta de verdades antiguas
y debiera entregarse en el asombro
de no hallar sintonías en la tierra
que alejado de pétalos
prefirió la cornisa en el abismo
y bebió la oquedad en todo riesgo
y no puede escalar su precipicio
sentí latir mi corazón
en el hijo que llora su secreto
en quien sangra su día
en quien busca la mano generosa que ofrece
un vaso de agua pura
el pan de la palabra y su entramado
y acepta en la paciente búsqueda
morir en propia cruz
vivir en cruz ajena


 
 
   
   

En mi tierra pobre


Nunca sabré en mi tierra pobre
imaginar de tus designios el secreto
que me interroga cada día
y sólo puedo colegir que es tu misterio
es tan pequeña mi sapiencia
que no podría comprender sin desconsuelo
y tan estrecha la mirada
que con mis ojos no traduzco lo que veo
y he de sufrir cada mañana
cuando tu voz es pronunciada en el silencio
y he de llorar interrogantes
cuya respuesta no me entregas mensajero
pero he vivido en mi retina
aquel amor que ha sido parte de tu Verbo
y he descubierto que ese amor
es la respuesta que percibo sin saberlo
aunque yo ignore lo que busco
sé que el amor es el tesoro que yo encuentro
en tu pesebre misterioso
y en aquel trono del amor que es tu madero


 
 
   
   

El zorzal


Canta el zorzal su recital de arpegios
librando de su seno virgen
esas gotas de amor
que apaciguan la sed
en quien mora escuchando la velada
de trinos que lo expresan
de existencia habitando entre las alas
su plumaje inquietante
que arremete el fragor del viento
y busca el aletear del pensamiento libre
que a tientas en la historia
descubre aquel sonido de su canto
repleto de horizonte
que anhela ser el pan de quienes lloran
y el oasis del hombre
que recorre en silencio su pradera
y busca esperanzado
revivir en las voces de ese canto


 
 
   
   

No sé imitar


No sé imitar los pájaros
cuya voz calidece la mañana
y escuchando el murmullo de sus cánticos
descubro melodías
que sueltas en el aire de los bosques
van trepando a sus árboles
que horadando espesuras de la niebla
recorren paulatinas
estaciones de tiempos que amanecen
con propios resplandores musicales
que me anuncian las mieses del verano
y nieves del invierno
un otoño que luce amarillento y rojizo
y aquella primavera que musita
en sus flores
los versos del poeta
los brotes que pregonan su futuro
y la tarde soleada que se alarga
hacia témpanos de fuego


 
 
   
   

Es luz en la penumbra


Es luz en la penumbra
el misterio que llega con sus dones
a brindar la respuesta
que el hombre ha conquistado en sus fulgores
esplende en el silencio
el rumor de la estrella en sus albores
es plácida la tarde
cuando el astro encendiera sus fogones
el tímido recuerdo
se hace fuerte clamor en plena noche
y el alma balbuciente
proclama su rigor entre los bosques
ya solo está el silencio
que grita con la fuerza de sus voces
y el oído contempla
la callada palabra que se esconde
y emerge triunfalmente
sumergida en la luz del horizonte


 
 
   
   

El corazón sangrante


He visto el corazón sangrante
de mi humilde Señor
que quiso restañarme
y encontró aquellos clavos que se hundieron
en sus palmas benditas
y en sus pies que clamaron
por llegar a la cima del calvario
y verter esa sangre
que germina mi tiempo
y palpita conmigo
hornacina de amor en el Espíritu
en el puro regazo de mi Padre
en las voces que claman por el fuego
que me alejan del dolor solitario
de aquel fuego que ardiendo inextinguible
purifica en gemidos mi sendero.